12 de diciembre:
Con la marca bien definida de los
organizadores se empieza a gestar en el centro del mundo –hoy llamemos así, a la casa del Rasti- esto que tiene el mismo magnetismo, desde hace más
de cuarenta siglos de vida del hombre
sobre la tierra.
No es más ni menos que hacer lo de siempre
-desde aquellos primeros tiempos en que se juntaban en tribus, hasta estos
días- confirmar entre otras cualidades humanas, “el culto a la amistad”.
La reunión de “los honorables ancianos”
pasada las 21.30 hs., está a punto de concretarse y se conserva esa “solemnidad”
que aportaban “los primeros”, los mismos
personajes que invadieron las aulas en su momento de esplendor, sólo para
repetir este ritual que alimenta la mística.
Por supuesto, ya en las salutaciones,
abundaron los gestos cariñosos, casi de afeminados, como la de tocarse “las cachas”.
Sin embargo, se notaba en el anfitrión, cierta seriedad y una luz brillante en los
ojos dejaba traslucir aquello de estar saboreando un instante previo, a un
regocijo mayor. No era para menos, sus colores amados estaban en vísperas de
consagrarse campeón.
También, puede agregarse como llamativo,
aquellas manifestaciones de gente cercana a las gallináceas que, alentaba sus
colores con vehemencia.
“El
espectador” atento, podría pintar una escena emotiva, pero es de destacar que,
las mesas estaban cargadas de manjares a los que los concurrentes se
dedicaron a deglutir de manera
desenfrenada. Y los vinos multicolores perfumaron el ambiente y las bocas se
llenaron de su embriaguez. (Ja)
Hubo un instante de calma, luego, empezaron
a resonar nuevamente, una por una, las voces amigas y rememoraban desde el
fondo de nuestra afectividad, cuanta energía hay para compartir.
Fue en ese instante que, me sentí flotando
en las aguas de Capricornio, y el Sordo -que se hizo el mamerto- algo tuvo que
ver para que ello ocurra.
A partir de allí, mis recuerdos se hacen
aguados por los que me queda agradecer el espíritu solidario del anfitrión para
alcanzarme algo seco y los que salvaron mi celular y otras pertenencias.
La cordialidad es algo que, cuando nos
identifica con su impronta, es para llevarnos hasta la misma plenitud.
“El mambo” que delataba una cabeza
“bautizada” en alcohol y agua, no dejó mucho más para destacar, salvo, el gusto
rico del café al final de la jornada y las despedidas ceremoniosas a todos los
presentes.
Sin más, les dejo mi más sincero abrazo.
P. D.: No me hace falta ningún celular, este
funciona bien. Es antiguo y aún no aprendí ni la mitad de sus cualidades y
ustedes, no deben quitarme la posibilidad de que por lo menos averigüe una o
dos funciones más. (jaja).

























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