martes, 23 de diciembre de 2008

Diciembre 2014 - El Rasti nos va a echar al carajo ....















































































12 de diciembre:
                           Con la marca bien definida de los organizadores se empieza a gestar en el centro del mundo –hoy llamemos así, a la casa del Rasti- esto que tiene el mismo magnetismo, desde hace más de cuarenta  siglos de vida del hombre sobre la tierra.
No es más ni menos que hacer lo de siempre -desde aquellos primeros tiempos en que se juntaban en tribus, hasta estos días- confirmar entre otras cualidades humanas, “el culto a la amistad”.
La reunión de “los honorables ancianos” pasada las 21.30 hs., está a punto de concretarse y se conserva esa “solemnidad” que aportaban “los primeros”, los mismos personajes que invadieron las aulas en su momento de esplendor, sólo para repetir este ritual que alimenta la mística.
Por supuesto, ya en las salutaciones, abundaron los gestos cariñosos, casi de afeminados, como la de tocarse “las cachas”.
Sin embargo, se notaba en el anfitrión, cierta seriedad y una luz brillante en los ojos dejaba traslucir aquello de estar saboreando un instante previo, a un regocijo mayor. No era para menos, sus colores amados estaban en vísperas de consagrarse campeón.
También, puede agregarse como llamativo, aquellas manifestaciones de gente cercana a las gallináceas que, alentaba sus colores con vehemencia.
“El espectador” atento, podría pintar una escena emotiva, pero es de destacar que, las mesas estaban cargadas de manjares a los que los concurrentes se dedicaron  a deglutir de manera desenfrenada. Y los vinos multicolores perfumaron el ambiente y las bocas se llenaron de su embriaguez. (Ja)
Hubo un instante de calma, luego, empezaron a resonar nuevamente, una por una, las voces amigas y rememoraban desde el fondo de nuestra afectividad, cuanta energía hay para compartir.
Fue en ese instante que, me sentí flotando en las aguas de Capricornio, y el Sordo -que se hizo el mamerto- algo tuvo que ver para que ello ocurra.
A partir de allí, mis recuerdos se hacen aguados por los que me queda agradecer el espíritu solidario del anfitrión para alcanzarme algo seco y los que salvaron mi celular y otras pertenencias.
La cordialidad es algo que, cuando nos identifica con su impronta, es para llevarnos hasta la misma  plenitud.
“El mambo” que delataba una cabeza “bautizada” en alcohol y agua, no dejó mucho más para destacar, salvo, el gusto rico del café al final de la jornada y las despedidas ceremoniosas a todos los presentes.
 
Sin más, les dejo mi más sincero abrazo.
                                                                                    El chino.
 

P. D.: No me hace falta ningún celular, este funciona bien. Es antiguo y aún no aprendí ni la mitad de sus cualidades y ustedes, no deben quitarme la posibilidad de que por lo menos averigüe una o dos funciones más. (jaja).

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