Es difícil comenzar a escribir un anecdotario cuando hay tanto para contar y empezar por uno en particular da la sensación de que es el mejor recuerdo que se tiene. La verdad -y todos coincidirán conmigo- que las anécdotas no tienen un orden de privilegio ni de jerarquía, todas por igual nos han hecho felices al punto tal que llegar a repetirlas sistemáticamente en todas las cenas sin aburrirnos.
Pero por alguna hay que empezar, después cada uno de nosotros pondrá las pavadas que se les ocurra y en el orden en que se les cante.
Se me ocurre elegir la siguiente, por la cantidad de cosas que se pueden contar.
El asado en la casa de la Empanada
Miren que hemos hecho kilombos, de todo tipo, forma, tamaño y color. No teníamos límites, pero al mismo tiempo no teníamos maldad. Kilomberos simplemente.
Algunos recordarán “la danza del fuego” que hacíamos por las noches; íbamos a fumar atrás, fuera de la vista de los preceptores y prendíamos fuego a las escobas que les afanábamos a los de limpieza. Con las escobas ardiendo y aullando como búfalos en celo, iniciábamos la danza saltando por encima (sí, por encima: baúl, techo y capó) del Plymounth que tenían los de mecánica (manyagrasa para nosotros, los pelacables) para destriparlo y aprender algo de su oficio. Y todo era por el solo hecho de hacer nuestros correspondientes despelotes de adolescentes. Luego del sagrado ritual, volvíamos al aula para continuar con nuestra abnegada tarea de alumnos ejemplares. Lo dicho, kilomberos simplemente.
El asado en la casa de la Empanada es el ejemplo vivo de lo que podíamos llegar a hacer. Seguramente varios de los participantes en tan magno evento podrán acercar algún recuerdo más a los que pienso detallar.
No recuerdo cómo empezó la movida, pero el asunto fue que, como los viejos de la Empanada se iban a ir, nosotros hacíamos un asado. Fuimos llegando a la casa, los viejos no había salido aún y no dieron un par de recomendaciones; una de ellas fue mostrarnos un arbolito chiquito que tenían en el fondo, un costado, que cuidaban como oro, para decirnos que por favor no lo toquemos. Ya se están imaginando …
Ni sé quién hizo el asado ni qué comimos ni nada, sólo llegan a mi memoria distintos pasajes de todo lo que pasó ese día.
Después de no sé cuánto tiempo (calculo que poco) de empezado el asado, ya muchos de nosotros (me incluyo) estábamos rechupadísimos. Hicimos una guerra de caballitos, el Enano Feitl arriba mío y otros “caballos y jinetes”, todos contra todos. Fueron cayendo de a uno y quedamos nosotros contra Culín Castro y no recuerdo quién. Nos dimos como en la guerra, los volteamos y cayeron pesadamente .. dónde??? En el fucking arbolito de los viejos de la Empanada. Quedó hecho percha el pobre.
Pasó ese episodio y seguimos haciendo millones de pavadas, también, en el estado en que estábamos …
El Paraguayo Stark estaba a las puteadas “Esto loco, yo no sé, esto es un kilombo, para qué toman si no saben” y así seguía. Se apoyó en la ligustrina del frente de la casa, se fue para atrás y así quedó tendido en el pasto sin poder levantarse. Estaba arruinadísimo.
Alguien lo levantó como pudo, trató de llevarlo adentro, siguió de largo hasta el fondo y se puso a vomitar en el bañito que había atrás.
Yo me la pasaba jodiendo a todo el mundo y en ese momento entro en el baño y me pongo a mear: el chorro le pasaba justo al lado de la cara de Roberto!!! Levantó la vista, me miró, me dijo “Qué hacés boludo??” y se incorporó. Al levantarse dio con la cabeza contra una jaula con un canario, que se rajó porque el golpe le abrió la puerta. Otro kilombo con que se iban a encontrar los viejos de la empanada.
Como ya no me aguantaban más, el Marciano me ató con una soga a una silla para que me deje de boludear. El guacho me dijo “vení Foca sentate que tenemos que hablar” y ahí nomás empezó a dar vueltas con la soga y me dejó engrampado en el medio del jardín. Me desaté al tiempo (no sé cómo) y empiezo a mirar lo que era la casa.
El espectáculo era dantesco, sólo los que estuvieron ahí (son testigos y dan fe) pueden darse cuenta de la magnitud del kilombo. Había vómitos por todos lados, el Polaco Lotoczko andaba de un lado para el otro sacando tierra del jardín para tapar los vómitos, Duco Bonantini y el Narigón Adoratti estaban tirados en una silla, sentados y con un nylon (todo vomitado por supuesto) cubriéndolos como para que no se ensucien más.
La verdad es que todo, la casa y nosotros, era un asco y un verdadero kilombo.
En un momento dicen que se había acabado el vino y salimos a comprar, la empanada, otro que no me acuerdo y yo. Como bien suponen, de las 3 ó 4 botellas que traíamos, estaban llegando la mitad a la casa.
A menos de media cuadra por llegar, nos cruzamos con los viejos de la Empanada!!!
No se le ocurre mejor idea que ir con los viejos al grito de “hola vieeeeejitaaaa” con media botella de vino en la mano. La vieja lo miró y le dijo: “Daniel, estás en pedo!!!!” El caradura le decía “noooo, mamiiiitaaa” articulando las palabras como podía. Los viejos lo agarraron de las pestañas y se lo llevaron para adentro. Lo encerraron (sí, encerraron, con llave y todo) en el comedor y el zapallo le vomitó todo el hogar. Lo querían matar!!!
Cuando salieron al jardín y vieron lo que era eso ….
Lo primero con que se encuentran es con Duco y el Narigón con los nylon todos vomitados y, para colmo, con Duco hablando solo y diciendo “Traigánme a la hermana de la Empanada!!!” “Traigánme a la hermana de la Empanada!!!” Patético realmente.
Llegan al jardín, todo poceado por las paladas que había sacado el Polaco. Ya no podían creer lo que veían. La vieja corre a su arbolito y casi se pone a llorar cuando lo vió “mi arbolito, mi arbolito” repetía. Y se le ocurre preguntar por el canario …
De ahí en más mis recuerdos llegan a ver al Caballo subiéndonos en su famoso Plymounth y repartiendo a los borrachos a sus respectivas casas. Íbamos de 6 ó 7 en el auto, sacando las cabezas por las ventanillas para tratar de llegar de la manera más decorosa que podía cada uno, cosa que por las circunstancias era absolutamente imposible.
Fue un lindo kilombito …
Pero por alguna hay que empezar, después cada uno de nosotros pondrá las pavadas que se les ocurra y en el orden en que se les cante.
Se me ocurre elegir la siguiente, por la cantidad de cosas que se pueden contar.
El asado en la casa de la Empanada
Miren que hemos hecho kilombos, de todo tipo, forma, tamaño y color. No teníamos límites, pero al mismo tiempo no teníamos maldad. Kilomberos simplemente.
Algunos recordarán “la danza del fuego” que hacíamos por las noches; íbamos a fumar atrás, fuera de la vista de los preceptores y prendíamos fuego a las escobas que les afanábamos a los de limpieza. Con las escobas ardiendo y aullando como búfalos en celo, iniciábamos la danza saltando por encima (sí, por encima: baúl, techo y capó) del Plymounth que tenían los de mecánica (manyagrasa para nosotros, los pelacables) para destriparlo y aprender algo de su oficio. Y todo era por el solo hecho de hacer nuestros correspondientes despelotes de adolescentes. Luego del sagrado ritual, volvíamos al aula para continuar con nuestra abnegada tarea de alumnos ejemplares. Lo dicho, kilomberos simplemente.
El asado en la casa de la Empanada es el ejemplo vivo de lo que podíamos llegar a hacer. Seguramente varios de los participantes en tan magno evento podrán acercar algún recuerdo más a los que pienso detallar.
No recuerdo cómo empezó la movida, pero el asunto fue que, como los viejos de la Empanada se iban a ir, nosotros hacíamos un asado. Fuimos llegando a la casa, los viejos no había salido aún y no dieron un par de recomendaciones; una de ellas fue mostrarnos un arbolito chiquito que tenían en el fondo, un costado, que cuidaban como oro, para decirnos que por favor no lo toquemos. Ya se están imaginando …
Ni sé quién hizo el asado ni qué comimos ni nada, sólo llegan a mi memoria distintos pasajes de todo lo que pasó ese día.
Después de no sé cuánto tiempo (calculo que poco) de empezado el asado, ya muchos de nosotros (me incluyo) estábamos rechupadísimos. Hicimos una guerra de caballitos, el Enano Feitl arriba mío y otros “caballos y jinetes”, todos contra todos. Fueron cayendo de a uno y quedamos nosotros contra Culín Castro y no recuerdo quién. Nos dimos como en la guerra, los volteamos y cayeron pesadamente .. dónde??? En el fucking arbolito de los viejos de la Empanada. Quedó hecho percha el pobre.
Pasó ese episodio y seguimos haciendo millones de pavadas, también, en el estado en que estábamos …
El Paraguayo Stark estaba a las puteadas “Esto loco, yo no sé, esto es un kilombo, para qué toman si no saben” y así seguía. Se apoyó en la ligustrina del frente de la casa, se fue para atrás y así quedó tendido en el pasto sin poder levantarse. Estaba arruinadísimo.
Alguien lo levantó como pudo, trató de llevarlo adentro, siguió de largo hasta el fondo y se puso a vomitar en el bañito que había atrás.
Yo me la pasaba jodiendo a todo el mundo y en ese momento entro en el baño y me pongo a mear: el chorro le pasaba justo al lado de la cara de Roberto!!! Levantó la vista, me miró, me dijo “Qué hacés boludo??” y se incorporó. Al levantarse dio con la cabeza contra una jaula con un canario, que se rajó porque el golpe le abrió la puerta. Otro kilombo con que se iban a encontrar los viejos de la empanada.
Como ya no me aguantaban más, el Marciano me ató con una soga a una silla para que me deje de boludear. El guacho me dijo “vení Foca sentate que tenemos que hablar” y ahí nomás empezó a dar vueltas con la soga y me dejó engrampado en el medio del jardín. Me desaté al tiempo (no sé cómo) y empiezo a mirar lo que era la casa.
El espectáculo era dantesco, sólo los que estuvieron ahí (son testigos y dan fe) pueden darse cuenta de la magnitud del kilombo. Había vómitos por todos lados, el Polaco Lotoczko andaba de un lado para el otro sacando tierra del jardín para tapar los vómitos, Duco Bonantini y el Narigón Adoratti estaban tirados en una silla, sentados y con un nylon (todo vomitado por supuesto) cubriéndolos como para que no se ensucien más.
La verdad es que todo, la casa y nosotros, era un asco y un verdadero kilombo.
En un momento dicen que se había acabado el vino y salimos a comprar, la empanada, otro que no me acuerdo y yo. Como bien suponen, de las 3 ó 4 botellas que traíamos, estaban llegando la mitad a la casa.
A menos de media cuadra por llegar, nos cruzamos con los viejos de la Empanada!!!
No se le ocurre mejor idea que ir con los viejos al grito de “hola vieeeeejitaaaa” con media botella de vino en la mano. La vieja lo miró y le dijo: “Daniel, estás en pedo!!!!” El caradura le decía “noooo, mamiiiitaaa” articulando las palabras como podía. Los viejos lo agarraron de las pestañas y se lo llevaron para adentro. Lo encerraron (sí, encerraron, con llave y todo) en el comedor y el zapallo le vomitó todo el hogar. Lo querían matar!!!
Cuando salieron al jardín y vieron lo que era eso ….
Lo primero con que se encuentran es con Duco y el Narigón con los nylon todos vomitados y, para colmo, con Duco hablando solo y diciendo “Traigánme a la hermana de la Empanada!!!” “Traigánme a la hermana de la Empanada!!!” Patético realmente.
Llegan al jardín, todo poceado por las paladas que había sacado el Polaco. Ya no podían creer lo que veían. La vieja corre a su arbolito y casi se pone a llorar cuando lo vió “mi arbolito, mi arbolito” repetía. Y se le ocurre preguntar por el canario …
De ahí en más mis recuerdos llegan a ver al Caballo subiéndonos en su famoso Plymounth y repartiendo a los borrachos a sus respectivas casas. Íbamos de 6 ó 7 en el auto, sacando las cabezas por las ventanillas para tratar de llegar de la manera más decorosa que podía cada uno, cosa que por las circunstancias era absolutamente imposible.
Fue un lindo kilombito …

1 comentario:
Foca, realmente es una linda anecdota, ahora que la contas comienzo a recordar algunas cosas y me estoy recagando de risa solo, seguramente habre estado muy en pedo (cosa que no me costaba mucho laburo)porque solo recuerdo el desorden que dejamos y algunos comentarios posteriores de aquel suceso.Si recuerdo muy bien que las reuniones en la casa de la Empanada tenian el atractivo especial del "iman" (la hermana de la empanada)ya que ante la menor insinuacion de juntarnos alli,asi fuera para estudiar,nadie se negaba a ir con tal de ver a esta piba.
Bueno tratare de hacer memoria para aportar alguna anecdota de las tantas que tenemos y subirla a la brevedad.
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