Estimados dinosaurios (sin peligro de extinción porque nos
protege Greenpeace): vuelta del “viaje de egresados” no quedan palabras para
describir el hermoso fin de semana que pasamos. Si pensamos que un simple viaje
a Mar del Plata nos alegró tanto la vida, entonces debemos comprender que las
cosas simples deben ser disfrutadas y compartidas. Nuestro itinerario arrancó
en el viejo y querido Puente Saavedra, donde nos encontramos previo análisis de
los autos que iba a llevar cada uno de los conductores. Intercambiando handys
para comunicarnos en la ruta, partimos hacia donde nos esperaban nuestros
amigos, quienes habían hecho la logística del caso. De más está decir que la
cana paró a Rasti por portación de cara, con lo cual hubo que hacerle el
aguante tomando mate al costado de la ruta. Ya en el hotel, donde evidentemente
conocían a sus huéspedes, entregaron la cama matrimonial a la pareja del
Colombiano y el Polaco y a la del Gallego y el Caballo. Si hay boda entre
ellos, algunos queremos salir de testigo!!! Pero al parecer ni el Colombiano ni
el Polaco pueden quedar embarazados, porque parece ser que con las panzas que
tienen no llegaron a consumar el acto sexual imprescindible para ese menester
….
En el almuerzo se entregaron los diplomas que nos acreditaban
como machos a todos los que no entramos en la categoría de
puto-pollerudo-dominado; categoría en la cual –por lo visto- militan varios de
nuestros congéneres … Las fotos hablan por sí mismas, con lo que no es
necesario denostar a quienes no recibieron el merecido diploma … Bastante
tienen con el escarnio público ….
Después café en Varese, boludeo por la rambla, algo de
descanso en el hotel (poco, obviamente), a la cena con mariscos y bichos, café
en la Normandita
y al hotel a desmayarnos …..
Simple, sencillo, natural, espontáneo, bien tranqui …. Los
que recuerdan la primera cena en Potenza y su continuación en el cabaret Dalí,
verán que los años nos han cambiado algo … Lo que esos años no pudieron modificar
fue el férreo lazo que hemos construido desde ese entonces y que nos une a
través del tiempo y espacio, incluyendo con los ausentes que siguen brindando
con nosotros.
Se vienen los 40 años; es aquí donde llamo a la reflexión a
aquellos que, por el motivo que sea, no pueden o no les interesa participar de
nuestro encuentro. Piénsenlo. Si el problema es económico, entonces no es
problema porque estamos todos dispuestos a incorporar al amigo que no puede. Si
no les interesa, inténtelo; no saben lo bueno que es estar con hermanos y
recordar tiempos que nos han marcado a fuego por la circunstancia que cada uno
quiera esbozar. Piénsenlo. Y los que vengan serán recibidos como cualquiera,
con los brazos abiertos, con alegría y como si el tiempo no hubiera pasado ….

































































1 comentario:
Viaje (alrededor de la lealtad):
En la Gran Urbe, a pocas cuadras de donde se pergeño el espíritu que quedó suspendido dentro de un aula, algunas almas -estas, que porfían desde la niñez- van conjugando sus voluntades para desarmar el tiempo.
Un día de junio por la mañana, en la esquina de la Avda. San Isidro Labrador y Vedia, se hace referencial el lugar para un encuentro en el que empezarán a brillar los fulgores de ese espíritu, del que despegaron algunos -solo por pequeños lapsos- desde hace unos 40 años, más o menos. Entonces, ahí van las almas que laten en corazones que adolecen. Almas que aún retozan en la primavera de sus días.
Solo escuchar el vocabulario transgresor e irónico (guarangueado) da una idea de la impronta expresiva de estos personajes que, seguramente, empezarán con la afeminada forma de saludarse con besos y abrazos. Luego, como casi siempre ocurre, seguirán contraponiendo opiniones a gritos y posteriormente, terminarán, con la misma afeminada forma de despedirse, a los besos y abrazos. No es para menos, estará aconteciendo desde el primer instante en grupo, en esta, la tierra criolla, aquello que suma y se traduce en cualquier idioma como LA AMISTAD.
Ahí van las voluntades, subidas a automóviles ligeros, atravesando el espacio de la llanura bonaerense en un día festivo, con las carcajadas explosivas, con la vida que traspasa, con la gratitud del encuentro.
Ahí vamos llegando con la expectativa de ver a los anfitriones, hoy convertidos en marplatenses, uno, el “rata” Levi, el otro, “el marciano”. Ya estamos llegando para transformarnos, nuevamente, en abrazados y abrazadores: ejercicio o gimnasia de algunos habitantes de la pequeña urbe, llamada Raggio.
Cada instante tiene su pico emotivo, se remarca por enriquecerse de recuerdos o nuevas bromas. La disposición es realimentarse en lo colectivo con aquello que aporta lo individual. Todo se premia con una cargada o con un festejo que, tal vez, termina siendo exagerado. Nada se libera de una mirada indagatoria, de una acotación que aporta un detalle. Una cascada de voces derritiendo el silencio. Los lugares que visitamos tienen todavía el eco de un bullicio inesperado.
Mientras tanto, “la ciudad del mar”, va recopilando la alegría de estos visitantes esporádicos, para dejarlos deambular en la noche, saboreando ese condimento que trae lo único.
Otro pedacito de viaje y un abrazo chino.
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